Si los españoles votasen en las elecciones de este martes en EEUU, el resultado no arrojaría lugar a la duda: Hillary Clinton arrasaría con tres de cada cuatro votantes. Un residual 2,4% de los electores se decantarían por Trump. Los españoles parecen rechazar sin fisuras el populismo de tintes xenófobos de Trump, aunque todas las encuestas apuntan a que logrará, como mínimo, un 40% de los votos populares en EEUU.

Sin embargo, según señala José Miguel de Elías, director de investigación y análisis de Sigma Dos el 7 de noviembre en una tribuna en El Mundo (“De Jesús Gil a Donald Trump”, pág 21), si en lugar de Trump tuviésemos a un político español asimilable al americano, el resultado estaría más abierto: “¿Cómo es posible que existan tantas diferencias entre los electorados de ambos países? ¿Es Trump un fenómeno netamente americano o puede ocurrir un fenómeno similar en Europa o en España?”

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Si los españoles fuesen los que votasen para elegir al presidente de EEUU, las probabilidades de que Donald Trump saliese elegido serían tendentes a cero. Sólo un 2,4% de los españoles prefiere que Trump gane las elecciones americanas frente a un 75,9% que prefiere que las gane Hillary Clinton.

Sin embargo, en EEUU, aunque las encuestas dan ganadora a Hillary Clinton, las últimas no le otorgan demasiado margen de diferencia: entre dos y cuatro puntos de ventaja tras la recuperación del bache sufrido por Trump como consecuencia de sus comentarios machistas «de vestuario».

Aunque a día de hoy parece que ganará Hillary Clinton, una victoria de Trump no está descartada en absoluto y en cualquier caso es casi seguro que Donald Trump obtendrá más del 40% de los votos en las elecciones presidenciales del próximo martes.

¿Cómo es posible que existan tantas diferencias entre los electorados de ambos países? ¿Es Trump un fenómeno netamente americano o puede ocurrir un fenómeno similar en Europa o en España?
Podemos encontrar una figura próxima en Italia con Silvio Berlusconi, al margen de las particularidades propias de cada país.

Il Cavaliere aparece en Italia con la descomposición de las fuerzas políticas clásicas y con un lenguaje directo, no falto de cierta chulería pero intentando transmitir la misma idea que Donald Trump: que él no era un político clásico de los que uno no se puede fiar, sino un líder con las ideas claras que sabía lo que había que hacer para solucionar los problemas de la gente. Con ese mensaje tan simple como eficaz consiguió atraer los votos necesarios para ser primer ministro italiano durante 10 años, rodeado de todo tipo de escándalos.

Un caso más cercano, aunque sin llegar a la jefatura del Gobierno aquí en España, fue el de Jesús Gil y Gil quién, a través de su partido, el GIL (Grupo Independiente Liberal), gobernó en el Ayuntamiento de Marbella de 1991 a 2002 a base de mayorías absolutas, desplazando a las dos principales fuerzas políticas españolas: PP y PSOE.

También con un estilo directo, bravucón y transmitiendo mucha confianza en sí mismo consiguió Gil y Gil atraer a la gran mayoría de los marbellíes. Incluso en su momento de mayor esplendor consiguió otras alcaldías de la provincia de Málaga y ser la fuerza mayoritaria en otras ciudades como Ceuta.

Así pues, pese al apoyo minoritario que Trump recibe de los españoles, no habría que descartar que si alguien con similar personalidad y características se presentase a unas elecciones en España, con un lenguaje directo, transmitiendo que se están haciendo las cosas mal y que tiene la solución para los problemas que existen, lo cual siempre tiene un atractivo para aquellos grupos sociales más castigados por la actual situación económica, quizás el apoyo ya no sería tan bajo como suponemos.

Los españoles no somos partidarios de Trump por lo que representa, pero sobre todo porque sus mensajes son para los americanos y no para los españoles. Por ejemplo, el proteccionismo, transmitido tan gráficamente con la propuesta de construcción de un muro que separe México de EEUU –que además paguen los mexicanos– se ve como un claro despropósito desde aquí, pero transmite una sensación de seguridad para aquellos estadounidenses que se sienten cada día más desprotegidos ante los nuevos paradigmas mundiales, como el terrorismo, y que en muchos casos ven a los inmigrantes como sus rivales a la hora de luchar por una forma de vida cada vez más alejada del sueño americano.

Desde luego, visto desde España y desde el resto del mundo, y a la vista de los movimientos de las Bolsas, la opción Trump para la presidencia de EEUU no parece buena pero… ¿qué pasaría con una opción Trump a la española? No tendría la capacidad de gobernar, pero es posible que consiguiera un apoyo significativo.

O los gobiernos –ahora que comienza la andadura del nuestro puede ser un buen momento para planteárselo– empiezan a cubrir la expectativas de sus clientes –los ciudadanos– como lo hacían antes de la crisis de 2007 o estas opciones estrambóticas serán cada vez una opción más probable.