ESPAÑA Y EL MUNDO POST COVID-19

En apena dos semanas estamos afrontando un cambio radical en nuestro modelo de sociedad que va a inducir importantes transformaciones en todos los ámbitos: político, cultural, económico, etc. Aunque la mayor parte de los esfuerzos sociales están en lo urgente (ordenar un confinamiento inédito y  salvar el sistema sanitario), no debemos perder de vista el análisis un poco más detenido y a medio plazo de lo que esta crisis puede suponer. Intentar imaginar el paisaje después de la batalla puede ayudarnos a adaptarnos a unas transformaciones que, con toda seguridad, van a impactar de manera directa en nuestra forma de vivir.

 

CONSECUENCIAS POLÍTICAS 

  • Biopoder, biopolítica, el auge de la “biopolítica”. Son conceptos que forjó el filósofo francés Michel Foucault en los años 70 para describir el despliegue y el desarrollo del poder como una tendencia al control de los cuerpos, a la disciplina de lo “biológico”. De esa “voluntad de poder” surgen ciencias como la demografía (el estudio de las poblaciones), la medicina, la estadística, el urbanismo, etc, impulsadas por el propio
  • El Covid19 ha puesto de manifiesto que, en la globalización, los países más efectivos a la hora de ejercer el biopoder son, precisamente, los más 1) autoritarios y 2) aquellos que, por cultura, tienen sociedades menos individualistas y más proclives a ceder esferas de privacidad a sus gobiernos, como las asiáticas. Ese éxito, al menos momentáneo o aparente, de las dictaduras o regímenes autoritarios para frenar el Covid19 mediante técnicas drásticas del control de sus poblaciones, puede suponer ciertamente un desafío político para los países democráticos. En el dilema entre efectividad (resultados) y legitimidad (procedimientos) se podría inclinar la balanza hacia la efectividad como nuevo valor social, incitándose a un modelo de sociedad más restrictiva, menos abierta y democrática.
  • Este biopoder es hoy biopoder El big data salva vidas a costa de nuestra privacidad. La soberanía hoy no está en las fronteras físicas, sino en tener datos de tu propia población. En este sentido, señala el filósofo surcoreano Byul Chun Han, que las experiencias de países como China o Corea del Sur es que el conocimiento generado por el poder para el biocontrol sería imposible en Europa, dadas nuestras restrictivas leyes de protección de datos. Mientras allí los gobiernos han desarrollado sofisticados sistemas de biopoder, como pantallas con reconocimiento facial por todo el territorio que permiten trazar los movimientos de sus ciudadanos, en Europa el confinamiento se hace por proedimientos totalmente físicos. El confinamiento digital e inteligente de Asia versus el confinamiento analógico y puramente físico de los europeos nos situará ante el conflicto de ceder soberanía individual al Estado para protegernos de nosotros mismos o proteger antes nuestro sistema de valores basados en el respeto a la esfera individual. Son dos visiones del mundo enfrentadas, con las vidas humanas de fondo.

  • Nueva relación poder – saber, entre la política y la ciencia: Frente a la creencia arquetípica de que el saber crea el poder, es el poder el que crea el saber en función de sus intereses coyunturales en cada momento (Foucault). Ningún saber es objetivo y autónomo ni surge por sí mismo. Son producidos mediante instituciones (Universidades, escuelas especializadas, laboratorios, institutos, centros de inteligencia, etc), que funcionan como tecnologías del El Covid19 va a impulsar por parte de los poderes globales (públicos y privados) ciertas formas de producción del saber y, en este sentido, cabe resaltar que las expresiones de la biopolítica (la estadística sanitaria, la medicina, la investigación científica) se van a convertir en elementos centrales de la estrategia de inteligencia y de seguridad de cada país, y de la business intelligence de grandes corporaciones. Se van a lanzar a competir o cooperar (según el modelo de relaciones resultante) a países entre sí, pero también, a países con y contra corporaciones privadas que, por su capacidad para crear saber estratégico (pensemos en los biodatos acumulados a través de las aplicaciones móviles, por ejemplo), van a estar en el punto de mira de todos. España tiene una oportunidad para, desde el poder político, impulsar la creación del saber estratégico integrando parte de su sistema financiero, de sus sistemas de investigación y de su capacidad tecnológica. Es previsible que otros países creen este tipo de sistemas verticales. De nuevo, la soberanía está en los datos. País soberano es el que posee big data sobre sí mismo (cosa diferente, como hemos visto en el punto anterior, es por qué medios y qué límites se alterna para conseguir dicha información).
  • Vuelta del estado – nación, debilidad de las estructuras Paradójicamente, esta crisis de la globalización puede suponer una vuelta al estado-nación no solo por el retorno de las fronteras físicas y administrativas sino, precisamente, como dispositivos de seguridad y biocontrol mediante la creación (o el impulso) de dichos sistemas verticales de producción de saber. Pero es que, además, esta crisis ha puesto de manifiesto los límites de las estructuras supraestatales como la Unión Europea a la hora de responder a desafíos en tiempo real como este: carecen de instrumentos de respuesta rápida y, acumulando una ingente concentración de poder real, carecen de auctoritas, de autoridad para liderar iniciativas. El divorcio entre poder y responsabilidad, entre poder y auctoritas, se va a resolver en favor de los segundos: es previsible que, por la fuerza de los acontecimientos, el poder real acumulado durante décadas por la UE en la fría distancia de Bruselas, se reubique de nuevo en los gobiernos nacionales, a fin de cuentas, los que rendirán responsabilidades ante sus ciudadanos. Queda por ver la función de estas estructuras supraestatales en la fase más diferida de reconstrucción económica. Pero la vuelta al estado-nación también reestructurará las relaciones políticas hacia  abajo:  pensemos  en los proyectos soberanistas en el interior de España, que chocarán -ya  está pasando- con este estado recentralizado a la fuerza.  Su lugar en la nueva política va a ser difícil, con una opinión pública que va a ser menos tolerante con expresiones de pongan en cuestión la unidad y la solidaridad social, a lo que hay que añadir que fuera de nuestro país perderán parte de la atención de la que venían disfrutando.
  • Posible vuelta a un nuevo contexto bipolar en el mundo: nueva Guerra Fría entre UU. y China. Primero, porque ambas potencias se disputan la génesis de esta pandemia, culpando a la otra de estar detrás. Trump está llamando al Covid19 “virus chino” mientras que China está respondiendo mediante acusaciones más o menos veladas a EE.UU. y su ejército de haber inoculado     y extendido el virus en China. Mientras EE.UU. está respondiendo con un cierre de fronteras (incluso a la UE), China está ejerciendo “diplomacia médica”, enviando médicos y material a los países más afectados (entre ellos, España) en una efectiva operación de reposicionamiento estratégico global. Es más que previsible que esta escalada de tensión vaya en aumento y redefiniendo el mundo en dos ámbitos de influencia claros.

CAMBIOS CULTURALES

La crisis del Covid19 no es la primera crisis propia de la globalización (en este siglo ya hemos tenido los ataques del 11S de 2001 y la crisis financiera de 2008), pero es la primera cuyos efectos llegarán a toda la población mundial y cambiarán, al menos en el corto plazo, nuestra forma de vida. Es de esperar que produzca una sensación generalizada de desconfianza en el progreso humano que, especialmente en el ámbito científico, nos protegía con una cierta creencia en la invulnerabilidad y la inmunidad social. Y ello, a pesar de que el Covid19 es un desafío científico que, muy probablemente, se resolverá en términos científicos en un tiempo récord. A pesar de ello, engendrará cambios culturales:

 

  • Surgirán interpretaciones “decadentistas”, es decir, aquellas que encontrarán un vínculo entre el hecho calamitoso y una supuesta decadencia moral, tal y como hizo el alemán Oswald Spengler en La decadencia de Occidente, publicado justo después de la Primera Guerra No faltarán alusiones teóricas e ideológicas al Covid19 como castigo merecido a nuestra forma de vida, a la globalización enloquecida, al capitalismo sin fronteras que mueve mercancías y personas sin límite hasta devorarse a sí mismo, al consumismo desatado. Según estas visiones, el Covid19 sería una infección de nuestra forma de vida. Desde la izquierda y desde la derecha, habrá llamadas al cierre social: menos consumo, menos libertad social, más control, menos individualismo, etc.
  • Militarización de nuestro imaginario El ejército, otra vez, volverá como metáfora de la organización social, al tiempo que adoptamos un marco mental de “guerra” como estado psicosocial de alerta, impulsados por la necesidad de “vuelta al orden”. Esta militarización de nuestro imaginario se dará en dos sentidos: en una mirada real y renovada a nuestros ejércitos (no es casual que el Gobierno de España incluya en sus comparecencias públicas uniformes militares) y en una posible vuelta al modelo militar de la sociedad y la economía, surgido de la Alemania de Otto von Bismark (1870). Este modelo era asumido como metáfora general para cualquier organización, dotaba a empresas, sindicatos, instituciones y gobiernos de un molde piramidal donde cada persona ocupaba un puesto con tareas definidas, una jerarquía clara (con la posibilidad de ascenso a medio y largo plazo) y la posibilidad de inclusión de cualquier ciudadano, al menos por la base de la pirámide. Este modelo de organización social estuvo vigente hasta los años 70, cuando se esfumó por el advenimiento de la sociedad postindustrial basada en nuevos modelos de organización flexible. Este modelo militar también funcionó como un sistema de identidad fuerte para millones de ciudadanos, de “hogar psicológico”. Está por ver que este modelo pueda volver plenamente, dadas las características del tipo de organización social actual, pero las llamadas a “militarizar” prácticamente todo, la metáfora de esta epidemia como una “guerra”, podrían indicar una necesidad de retorno a esa pirámide como refugio social, impulsada por la “necesidad de orden”.

  • Posible vuelta a un neo-humanismo, no contradictorio con la crítica decadentista al modelo de vida Se van a generar llamadas a un retorno al espíritu comunitario, a un nuevo modelo de relaciones sociales que, en palabras de George Soros, habían dejado de ser “relaciones” propiamente dichas para convertirse en “transacciones”. Este neo-humanismo de raíz kantiana y universalista chocará necesariamente con las tentaciones nacionalistas. Vamos a ver un recrudecimiento en la batalla cultural entre globalistas y nacionalistas. Ya ocurrió con la crisis de 2008, que engendró una ola fuerte de populismos en todo el mundo, y todo hace indicar que sucederá en esta.

 

CONSECUENCUAS ECONÓMICAS

  • Crisis y cuestionamiento del capitalismo financiero y bursátil… que resistió, aunque con profundos cambios, el embate de la crisis de 2008, y que ahora podría recibir una segunda y brutal sa La sobrerreacción de los mercados financieros al Covid19 sería, en este esquema, un síntoma de su propia debilidad, es deir, más que del miedo al virus, del miedo a sí mismo como tecnología totalmente inestable. Los bancos centrales, en este sentido, tomarán iniciativas contracíclicas para evitar que los mercados financieros agraven la crisis económica y, sobre todo, se contagien a la deuda pública, tal y como ocurrió entre 2008 y 2011. De  los gobiernos de las grandes potencias se esperan  grandes  “planes Marshall” para contrarrestar el apagón económico.
  • Replanteamiento del orden económico internacional: ¿Un nuevo Bretton Woods? Tras la II Guerra Mundial, este orden se diseñó según los parámetros de Bretton Woods (1944) de donde surgieron las normas de cambio monetario basadas en la equivalencia fija del dólar y la creación de instituciones como el FMI, el Banco Mundial, y posteriormente, la OMC. Fueron cambios instados por los Estados Unidos dado su papel preponderante en el momen Mientras las normas de cambio se disolvieron en 1971 como consecuencia del incumplimiento de los propios Estados Unidos para financiar la Guerra de Vietnam, el resto de instituciones han permanecido hasta la fecha. Con las elecciones norteamericanas a la vista, y la incertidumbre de cómo impactará el Covid19 en el resultado de las mismas por la posible erosión política y electoral de Donald Trump, no sería impensable un cambio en la política comercial norteamericana de guerra comercial con China y otras potencias, y el forzamiento de un nuevo pacto mundial económico donde los países asiáticos podrían ganar peso como grandes acreedores mundiales (exactamente lo que ocurrió en Bretton Woods con los Estados Unidos).

  • Reorganización de la producción del consumo: implantación de procesos de digitalización y más énfasis en la economía del conocimiento. Las industrias turísticas o presenciales se recuperarán cuando aparezca la vacuna, pero es probable que todas, también incluidas estas, tengan que adoptar rigurosos protocolos de inteligencia sanitaria para adaptarse a un nuevo contexto donde el miedo permanecerá un largo tiempo. El Big Data y la IA será una industria en auge no solo por su capacidad para realizarse en remoto, sino porque su desarrollo será impulsado por los gobiernos como elemento estratégico de biopoder.
  • Reindustrialización de Europa y España. El Covid19 ha puesto de manifiesto el riesgo económico de ubicar gran parte de la capacidad industrial fuera del país. España deberá, al menos hasta cierto punto, rindustrializarse y reubicar parte de su capacidad manufacturera en sus propias fronteras. Es posible hacerlo sin un coste exagerado aplicando procesos de innovación tecnológica, como las impresoras 3D, que están siendo útiles a la hora de la fabricación de respiradores para hospitales o mascarillas.

 

En definitiva, al menos durante unos años, todo parece indicar que la economía y el orden social podrían volver a modelos parecidos a los de los años 50 y 60, con fuertes paquetes de estímulo en el gasto público, industrias estratégicas financiadas desde el Estado, un cierto neocorporativismo y, tal vez, un replanteamiento de las normas internacionales de comercio.

 

 

 

 

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