Alemania 2025: un escenario electoral impredecible con impacto en toda Europa 

A medida que Alemania se acerca a las elecciones federales del 23 de febrero se multiplican las incertidumbres. Esto no sería una noticia si no se tratara, precisamente, del país que ha sido en Europa y el mundo sinónimo de estabilidad y previsibilidad durante décadas. 

Si las elecciones de 2021 estuvieron marcadas por el retiro de Angela Merkel y el final de los dos gobiernos de gran coalición entre conservadores y socialistas, las de 2025 están marcadas por el precipitado final de la legislatura de la “coalición semáforo” (socialistas + verdes + liberales) y varios interrogantes que se acumulan en torno a economía, inmigración, defensa y, en definitiva, el papel de Alemania en la Unión Europea y el mundo.

Las encuestas sitúan a la cabeza a la Unión Demócrata Cristiana (CDU), liderada por Friedrich Merz, con un 29 % de intención de voto, seguida por Alternativa para Alemania (AfD), de Alice Weidel, con un 21 %. A mayor distancia se encuentran el Partido Socialdemócrata (SPD) del actual canciller Scholz, con un 16 %, y Los Verdes con un 13%. Más atrás aún encontramos a partidos, entre ellos la izquierda, que están en riesgo de no superar el exigente 5 % que el sistema electoral marca como umbral para obtener representación: 

Promedio de encuestas de intención de voto – Fuente: Político Poll of Polls

Contexto: una economía frágil y un liderazgo en cuestión

El panorama internacional y la economía añaden complejidad al escenario electoral. 

Los aranceles del 25% que el gobierno de Estados Unidos ha impuesto a las importaciones de acero y aluminio pueden ser el preludio de más tarifas y generan tensiones comerciales significativas, que afectan a una economía netamente exportadora como la alemana.

En 2024, Alemania registró un excedente comercial récord con Estados Unidos, exportando bienes por un valor de 163.400 millones de euros al país que se ha convertido en su principal socio comercial. Los nuevos aranceles amenazan esa posición privilegiada y pueden reducir la competitividad de industrias clave como la automotriz y la de maquinaria. 

A esto se suma el impacto prolongado de la agresión rusa a Ucrania, que ha disparado los precios de la energía y debilitado el tejido industrial alemán. El Bundesbank ya ha advertido que los altos costos de producción podrían consolidar una pérdida de competitividad estructural para la industria germana en el mediano plazo.

La perspectiva para el SPD es, en este sentido, poco halagüeña: Alemania cerró el año en recesión técnica, con un retroceso del PIB del 0,2 %, y el Gobierno ya ha reducido su previsión de crecimiento para 2025 (del 1,1% al 0,3%). Un dato que alimenta el discurso opositor de Merz sobre la “desindustrialización” del país y la necesidad de reformas estructurales.

Claves del voto

A la frágil economía se suman otros aspectos preocupantes para el centroizquierda alemán.

Inmigración. La política migratoria se ha posicionado como un tema central en la campaña, lo que solo puede beneficiar a AfD y, probablemente, a la CDU-CSU, que hace un par de semanas presentó un plan de 5 puntos para endurecer la política de asilo (y que finalmente el Bundestag no aprobó). Los recientes atentados en Munich y en la vecina Austria añaden tensión a un asunto complejo, en el que el endurecimiento del SPD no parece estar ganándole apoyos en las encuestas. 

De hecho, una encuesta reciente de DeutschlanTrend muestra que la inmigración es el principal problema del país para un 37% de los alemanes, incluso por delante de la economía (34 %).

Relaciones Internacionales y Unión Europea. Alemania ha sido tradicionalmente el motor del club comunitario, pero en un contexto de crisis económica y de debilidad de su industria el sentimiento europeísta está en retroceso. 

AfD ha hecho de su discurso crítico con Bruselas una de sus principales banderas, un discurso que ha calado especialmente en los estados del este del país, donde el escepticismo europeo es mayor (y donde la situación económica está más deteriorada).

El Zeitenwende en defensa. Desde la invasión rusa a Ucrania, con mayor o menor ímpetu, Alemania ha intentado liderar el fortalecimiento de la defensa europea, pero las dudas sobre el gasto militar y el suministro de armas han dividido a la opinión pública. 

Mientras que Scholz defiende el rearme, Merz ha criticado la lentitud de las decisiones gubernamentales en este ámbito. Y todo esto con el fondo de la presión del nuevo gobierno estadounidense para que los miembros de la OTAN aumenten su gasto en defensa, un panorama de distancia entre Estados Unidos y sus aliados europeos que ha tenido una tensa escenificación en la reciente Conferencia de Seguridad de Munich.

¿Final abierto?

Dado que ninguna fuerza política alcanzará la mayoría absoluta, las posibles coaliciones serán cruciales para la formación del próximo gobierno. 

La CDU/CSU lidera las encuestas y Merz ha descartado alianzas con AfD. Pero el reciente acuerdo de ambos grupos políticos en el Bundestag en torno a la política de asilo y la consolidación de AfD en las encuestas permiten, como mínimo, poner en duda esa reticencia. 

Alemania, por décadas el gran estabilizador de Europa y símbolo de políticas de grandes acuerdos entre conservadores y socialdemócratas, podría estar a las puertas de una transformación sin precedentes. Y esa transformación puede tener la forma del final de un tabú político: el de una coalición CDU-CSU + AfD.

Román Espino- Director de Comunicación y analista de política internacional de Sigma Dos

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