ESPAÑA Y EL MUNDO POST COVID-19

En apena dos semanas estamos afrontando un cambio radical en nuestro modelo de sociedad que va a inducir importantes transformaciones en todos los ámbitos: político, cultural, económico, etc. Aunque la mayor parte de los esfuerzos sociales están en lo urgente (ordenar un confinamiento inédito y  salvar el sistema sanitario), no debemos perder de vista el análisis un poco más detenido y a medio plazo de lo que esta crisis puede suponer. Intentar imaginar el paisaje después de la batalla puede ayudarnos a adaptarnos a unas transformaciones que, con toda seguridad, van a impactar de manera directa en nuestra forma de vivir.

 

CONSECUENCIAS POLÍTICAS 

  • Biopoder, biopolítica, el auge de la “biopolítica”. Son conceptos que forjó el filósofo francés Michel Foucault en los años 70 para describir el despliegue y el desarrollo del poder como una tendencia al control de los cuerpos, a la disciplina de lo “biológico”. De esa “voluntad de poder” surgen ciencias como la demografía (el estudio de las poblaciones), la medicina, la estadística, el urbanismo, etc, impulsadas por el propio
  • El Covid19 ha puesto de manifiesto que, en la globalización, los países más efectivos a la hora de ejercer el biopoder son, precisamente, los más 1) autoritarios y 2) aquellos que, por cultura, tienen sociedades menos individualistas y más proclives a ceder esferas de privacidad a sus gobiernos, como las asiáticas. Ese éxito, al menos momentáneo o aparente, de las dictaduras o regímenes autoritarios para frenar el Covid19 mediante técnicas drásticas del control de sus poblaciones, puede suponer ciertamente un desafío político para los países democráticos. En el dilema entre efectividad (resultados) y legitimidad (procedimientos) se podría inclinar la balanza hacia la efectividad como nuevo valor social, incitándose a un modelo de sociedad más restrictiva, menos abierta y democrática.
  • Este biopoder es hoy biopoder El big data salva vidas a costa de nuestra privacidad. La soberanía hoy no está en las fronteras físicas, sino en tener datos de tu propia población. En este sentido, señala el filósofo surcoreano Byul Chun Han, que las experiencias de países como China o Corea del Sur es que el conocimiento generado por el poder para el biocontrol sería imposible en Europa, dadas nuestras restrictivas leyes de protección de datos. Mientras allí los gobiernos han desarrollado sofisticados sistemas de biopoder, como pantallas con reconocimiento facial por todo el territorio que permiten trazar los movimientos de sus ciudadanos, en Europa el confinamiento se hace por proedimientos totalmente físicos. El confinamiento digital e inteligente de Asia versus el confinamiento analógico y puramente físico de los europeos nos situará ante el conflicto de ceder soberanía individual al Estado para protegernos de nosotros mismos o proteger antes nuestro sistema de valores basados en el respeto a la esfera individual. Son dos visiones del mundo enfrentadas, con las vidas humanas de fondo.

  • Nueva relación poder - saber, entre la política y la ciencia: Frente a la creencia arquetípica de que el saber crea el poder, es el poder el que crea el saber en función de sus intereses coyunturales en cada momento (Foucault). Ningún saber es objetivo y autónomo ni surge por sí mismo. Son producidos mediante instituciones (Universidades, escuelas especializadas, laboratorios, institutos, centros de inteligencia, etc), que funcionan como tecnologías del El Covid19 va a impulsar por parte de los poderes globales (públicos y privados) ciertas formas de producción del saber y, en este sentido, cabe resaltar que las expresiones de la biopolítica (la estadística sanitaria, la medicina, la investigación científica) se van a convertir en elementos centrales de la estrategia de inteligencia y de seguridad de cada país, y de la business intelligence de grandes corporaciones. Se van a lanzar a competir o cooperar (según el modelo de relaciones resultante) a países entre sí, pero también, a países con y contra corporaciones privadas que, por su capacidad para crear saber estratégico (pensemos en los biodatos acumulados a través de las aplicaciones móviles, por ejemplo), van a estar en el punto de mira de todos. España tiene una oportunidad para, desde el poder político, impulsar la creación del saber estratégico integrando parte de su sistema financiero, de sus sistemas de investigación y de su capacidad tecnológica. Es previsible que otros países creen este tipo de sistemas verticales. De nuevo, la soberanía está en los datos. País soberano es el que posee big data sobre sí mismo (cosa diferente, como hemos visto en el punto anterior, es por qué medios y qué límites se alterna para conseguir dicha información).
  • Vuelta del estado - nación, debilidad de las estructuras Paradójicamente, esta crisis de la globalización puede suponer una vuelta al estado-nación no solo por el retorno de las fronteras físicas y administrativas sino, precisamente, como dispositivos de seguridad y biocontrol mediante la creación (o el impulso) de dichos sistemas verticales de producción de saber. Pero es que, además, esta crisis ha puesto de manifiesto los límites de las estructuras supraestatales como la Unión Europea a la hora de responder a desafíos en tiempo real como este: carecen de instrumentos de respuesta rápida y, acumulando una ingente concentración de poder real, carecen de auctoritas, de autoridad para liderar iniciativas. El divorcio entre poder y responsabilidad, entre poder y auctoritas, se va a resolver en favor de los segundos: es previsible que, por la fuerza de los acontecimientos, el poder real acumulado durante décadas por la UE en la fría distancia de Bruselas, se reubique de nuevo en los gobiernos nacionales, a fin de cuentas, los que rendirán responsabilidades ante sus ciudadanos. Queda por ver la función de estas estructuras supraestatales en la fase más diferida de reconstrucción económica. Pero la vuelta al estado-nación también reestructurará las relaciones políticas hacia  abajo:  pensemos  en los proyectos soberanistas en el interior de España, que chocarán -ya  está pasando- con este estado recentralizado a la fuerza.  Su lugar en la nueva política va a ser difícil, con una opinión pública que va a ser menos tolerante con expresiones de pongan en cuestión la unidad y la solidaridad social, a lo que hay que añadir que fuera de nuestro país perderán parte de la atención de la que venían disfrutando.
  • Posible vuelta a un nuevo contexto bipolar en el mundo: nueva Guerra Fría entre UU. y China. Primero, porque ambas potencias se disputan la génesis de esta pandemia, culpando a la otra de estar detrás. Trump está llamando al Covid19 “virus chino” mientras que China está respondiendo mediante acusaciones más o menos veladas a EE.UU. y su ejército de haber inoculado     y extendido el virus en China. Mientras EE.UU. está respondiendo con un cierre de fronteras (incluso a la UE), China está ejerciendo “diplomacia médica”, enviando médicos y material a los países más afectados (entre ellos, España) en una efectiva operación de reposicionamiento estratégico global. Es más que previsible que esta escalada de tensión vaya en aumento y redefiniendo el mundo en dos ámbitos de influencia claros.

CAMBIOS CULTURALES

La crisis del Covid19 no es la primera crisis propia de la globalización (en este siglo ya hemos tenido los ataques del 11S de 2001 y la crisis financiera de 2008), pero es la primera cuyos efectos llegarán a toda la población mundial y cambiarán, al menos en el corto plazo, nuestra forma de vida. Es de esperar que produzca una sensación generalizada de desconfianza en el progreso humano que, especialmente en el ámbito científico, nos protegía con una cierta creencia en la invulnerabilidad y la inmunidad social. Y ello, a pesar de que el Covid19 es un desafío científico que, muy probablemente, se resolverá en términos científicos en un tiempo récord. A pesar de ello, engendrará cambios culturales:

 

  • Surgirán interpretaciones “decadentistas”, es decir, aquellas que encontrarán un vínculo entre el hecho calamitoso y una supuesta decadencia moral, tal y como hizo el alemán Oswald Spengler en La decadencia de Occidente, publicado justo después de la Primera Guerra No faltarán alusiones teóricas e ideológicas al Covid19 como castigo merecido a nuestra forma de vida, a la globalización enloquecida, al capitalismo sin fronteras que mueve mercancías y personas sin límite hasta devorarse a sí mismo, al consumismo desatado. Según estas visiones, el Covid19 sería una infección de nuestra forma de vida. Desde la izquierda y desde la derecha, habrá llamadas al cierre social: menos consumo, menos libertad social, más control, menos individualismo, etc.
  • Militarización de nuestro imaginario El ejército, otra vez, volverá como metáfora de la organización social, al tiempo que adoptamos un marco mental de “guerra” como estado psicosocial de alerta, impulsados por la necesidad de “vuelta al orden”. Esta militarización de nuestro imaginario se dará en dos sentidos: en una mirada real y renovada a nuestros ejércitos (no es casual que el Gobierno de España incluya en sus comparecencias públicas uniformes militares) y en una posible vuelta al modelo militar de la sociedad y la economía, surgido de la Alemania de Otto von Bismark (1870). Este modelo era asumido como metáfora general para cualquier organización, dotaba a empresas, sindicatos, instituciones y gobiernos de un molde piramidal donde cada persona ocupaba un puesto con tareas definidas, una jerarquía clara (con la posibilidad de ascenso a medio y largo plazo) y la posibilidad de inclusión de cualquier ciudadano, al menos por la base de la pirámide. Este modelo de organización social estuvo vigente hasta los años 70, cuando se esfumó por el advenimiento de la sociedad postindustrial basada en nuevos modelos de organización flexible. Este modelo militar también funcionó como un sistema de identidad fuerte para millones de ciudadanos, de “hogar psicológico”. Está por ver que este modelo pueda volver plenamente, dadas las características del tipo de organización social actual, pero las llamadas a “militarizar” prácticamente todo, la metáfora de esta epidemia como una “guerra”, podrían indicar una necesidad de retorno a esa pirámide como refugio social, impulsada por la “necesidad de orden”.

  • Posible vuelta a un neo-humanismo, no contradictorio con la crítica decadentista al modelo de vida Se van a generar llamadas a un retorno al espíritu comunitario, a un nuevo modelo de relaciones sociales que, en palabras de George Soros, habían dejado de ser “relaciones” propiamente dichas para convertirse en “transacciones”. Este neo-humanismo de raíz kantiana y universalista chocará necesariamente con las tentaciones nacionalistas. Vamos a ver un recrudecimiento en la batalla cultural entre globalistas y nacionalistas. Ya ocurrió con la crisis de 2008, que engendró una ola fuerte de populismos en todo el mundo, y todo hace indicar que sucederá en esta.

 

CONSECUENCUAS ECONÓMICAS

  • Crisis y cuestionamiento del capitalismo financiero y bursátil… que resistió, aunque con profundos cambios, el embate de la crisis de 2008, y que ahora podría recibir una segunda y brutal sa La sobrerreacción de los mercados financieros al Covid19 sería, en este esquema, un síntoma de su propia debilidad, es deir, más que del miedo al virus, del miedo a sí mismo como tecnología totalmente inestable. Los bancos centrales, en este sentido, tomarán iniciativas contracíclicas para evitar que los mercados financieros agraven la crisis económica y, sobre todo, se contagien a la deuda pública, tal y como ocurrió entre 2008 y 2011. De  los gobiernos de las grandes potencias se esperan  grandes  “planes Marshall” para contrarrestar el apagón económico.
  • Replanteamiento del orden económico internacional: ¿Un nuevo Bretton Woods? Tras la II Guerra Mundial, este orden se diseñó según los parámetros de Bretton Woods (1944) de donde surgieron las normas de cambio monetario basadas en la equivalencia fija del dólar y la creación de instituciones como el FMI, el Banco Mundial, y posteriormente, la OMC. Fueron cambios instados por los Estados Unidos dado su papel preponderante en el momen Mientras las normas de cambio se disolvieron en 1971 como consecuencia del incumplimiento de los propios Estados Unidos para financiar la Guerra de Vietnam, el resto de instituciones han permanecido hasta la fecha. Con las elecciones norteamericanas a la vista, y la incertidumbre de cómo impactará el Covid19 en el resultado de las mismas por la posible erosión política y electoral de Donald Trump, no sería impensable un cambio en la política comercial norteamericana de guerra comercial con China y otras potencias, y el forzamiento de un nuevo pacto mundial económico donde los países asiáticos podrían ganar peso como grandes acreedores mundiales (exactamente lo que ocurrió en Bretton Woods con los Estados Unidos).

  • Reorganización de la producción del consumo: implantación de procesos de digitalización y más énfasis en la economía del conocimiento. Las industrias turísticas o presenciales se recuperarán cuando aparezca la vacuna, pero es probable que todas, también incluidas estas, tengan que adoptar rigurosos protocolos de inteligencia sanitaria para adaptarse a un nuevo contexto donde el miedo permanecerá un largo tiempo. El Big Data y la IA será una industria en auge no solo por su capacidad para realizarse en remoto, sino porque su desarrollo será impulsado por los gobiernos como elemento estratégico de biopoder.
  • Reindustrialización de Europa y España. El Covid19 ha puesto de manifiesto el riesgo económico de ubicar gran parte de la capacidad industrial fuera del país. España deberá, al menos hasta cierto punto, rindustrializarse y reubicar parte de su capacidad manufacturera en sus propias fronteras. Es posible hacerlo sin un coste exagerado aplicando procesos de innovación tecnológica, como las impresoras 3D, que están siendo útiles a la hora de la fabricación de respiradores para hospitales o mascarillas.

 

En definitiva, al menos durante unos años, todo parece indicar que la economía y el orden social podrían volver a modelos parecidos a los de los años 50 y 60, con fuertes paquetes de estímulo en el gasto público, industrias estratégicas financiadas desde el Estado, un cierto neocorporativismo y, tal vez, un replanteamiento de las normas internacionales de comercio.

 

 

 

 


Retrato del voluntariado en España

El voluntariado en España está desarrollando un notable crecimiento exponencial en múltiples esperas de la vida social, impregnando a todas las capas de la sociedad, y siendo percibido como una clara necesidad no sólo por las propias acciones implementadas, sino también por la imagen social de quienes lo desarrollan: los/as voluntarios/as.

Un más que interesante monográfico relativo a las tendencias y experiencias innovadoras del voluntariado en nuestro país, documentado con cifras y datos de éste fenómeno creciente, realizado por Fundación Telefónica con la colaboración de Sigma Dos en la realización y analítica de encuestas a la sociedad española y a entes de voluntariado (entidades de voluntariado y consultoras, redes y federaciones de voluntariado)”

 


EL PAPEL DE LAS CIUDADES EN EL ENTORNO GLOBAL ACTUAL: Reflexiones sobre urbanismo y democracia

La globalización, y la distribución y organización territorial de la población en dicho contexto, suponen una clara necesidad de reformulación y replanteamiento de las diferentes estructuras y perspectivas a la hora de afrontar cuestiones tales como el papel que tienen los principales polos de atracción y concentración de población (grandes urbes, megalópolis o conurbaciones de grandes ciudades), las implicaciones con los “Estados-Nación” (divergencias, sinergias, límites y potencialidades), así como la planificación sobre el territorio en los desarrollos urbanísticos y la provisión de servicios a la ciudadanía.

Así,
de una manera iniciática, se puede apuntar que en el transcurso (con mayor
incidencia) de los dos últimos siglos, se ha producido una tendencia de
concentración de las poblaciones (bien por causas económicas, de disposición de
servicios, de cambio de paradigma cultural, etc.) en determinadas áreas
territoriales dando pie a grandes urbes y áreas de influencia que, en dicho
contexto, comienzan a adquirir entidad propia como agentes necesarios y
relevantes en los contextos de globalización y en el “cibermundo” cada
vez más presente en nuestras sociedades.

Por tanto, y tal y como se planteará más adelante con mayor profundidad, nos encontramos en un escenario dinámico en el cuál estos grandes polos de atracción poblacional (denominados ciudades, pero en su expresión más compleja no sólo a nivel urbanístico/territorial sino también por la potencialidad y asunción de funciones dentro de un mundo globalizado) “compiten” en algunas funcionalidades contra los Estados tradicionales, siendo su mayor característica diferencial la flexibilidad en los procesos y las capacidades de negociación “menos encorsetadas” por los bagajes institucionales y las competencias más tradicionales de dichos “Estados-Nación” u organizaciones aglutinadoras de Estados (llámese Unión Europea, EEUU, OTAN, Organización de Estados Americanos, etc.).

Partiendo
de estas premisas contextuales podemos encontrarnos con algunas dudas notables:
¿Cuál será el papel a futuro de las grandes ciudades? ¿Qué se está haciendo a
día de hoy que las difiere y posiciona en algunos aspectos a un nivel superior
a los propios Estados? E incluso, ¿Es viable el sistema actual de Estados en
una sociedad globalizada donde por contra resurgen cada vez más los movimientos
de corte nacionalista/identitario? ¿O en dicho contexto globalizado serán las
ciudades las que ejerzan y asuman gran parte de las funciones de los Estados en
las relaciones con otras sociedades, territorios y/o culturas? ¿Hasta qué punto
somos conscientes del papel de las ciudades en el contexto de sociedades
globalizadas?
¿Cuáles son los límites y potencialidades de las grandes
urbes frente a los Estados en el desarrollo de competencias? ¿Hasta qué punto
las megalópolis presentan una mayor resiliencia que los Estados frente a
las potenciales amenazas de la globalización? Cuestiones de elevada reflexión a
las que se intentará dar respuesta como base para futuros debates.

Tal y como se apunta dentro de la dicotomía entre Estado y Ciudad en contextos dinámicos, las tendencias (económicas, sociales, culturales, etc.) de las últimas décadas están afectando a las competencias y funciones que pueden implementar, estableciéndose continuos reposicionamientos y ciertos desajustes que aún no se han clarificado en su totalidad. Es decir, en estos momentos de cambio y cierta incertidumbre, surgen dudas sobre el papel democrático y político de los Estados y de las grandes ciudades.

Pero, ¿cuál es el papel de estas megalópolis en el entorno global actual? Para poder dar respuesta a esta cuestión hay que tener en cuenta que nos encontramos en una situación donde los procesos de globalización se enfrentan al resurgir de los movimientos nacionalistas que conllevan, entre otros, dos grandes cuestiones a resolver o afrontar: la pérdida de peso y valor de los Estados en dichos contextos al “no servir al mismo nivel las tradicionales formas y protocolos de actuación”, y por otro lado la bien sabida (pero de efectos negativos en la mayoría de los casos) generación de identidades en contraposición, la generación de bloques de “los míos contra los tuyos”, de la búsqueda de cohesiones sociales en base no ya tanto a aspectos que nos unen sino a cuestiones que nos diferencian “del otro, del contrario, del opuesto”. En este contexto de post crisis económica y social mundial, cobran especial relevancia las palabras de Daniel Innerarity sobre el resurgir de “movimientos divergentes”:

 “Quien hable hoy de límites, responsabilidad,
intereses compartidos tiene todas las de perder frente a quien, por ejemplo,
establezca unas demarcaciones rotundas entre nosotros y ellos, o una
contraposición nada sofisticada entre las élites y el pueblo, de manera que la
responsabilidad y la inocencia se localicen de un modo tranquilizador. Entre
las cosas que hacen más soportable la incertidumbre, nada mejor que la
designación de un culpable, que nos exonere de la difícil tarea de construir
una responsabilidad colectiva”.

Por
tanto, para poder afrontar estas problemáticas y retos presentes y futuros,
para poder superar los límites de las sociedades modernas, resulta vital (o al
menos surge como una solución de elevado potencial) implementar nuevas
estrategias para las ciudades en las cuáles su papel de vinculación y búsqueda
de consensos entre diferentes se posicione en la esfera internacional a modo de
“embajadores de urbes”, como referentes de la ciudadanía. Esto posibilitará una
mayor implicación en los escenarios internacionales, y por ende dinamizará y
facilitará los cambios que se puedan requerir en las relaciones entre
sociedades dentro del citado contexto global.

Ahora
bien, estas grandes urbes presentan un papel cada vez más relevante y de mayor
significancia en el intercambio de buenas prácticas de manera bilateral, y a la
par ejercen cierta presión política de manera coordinada hacia sus homólogos
nacionales y en las negociaciones de acuerdos supranacionales a través de redes
de ciudades.
Es decir, las megalópolis están tendiendo a
complementar o incluso superar las competencias y acciones de los Estados, ya
sea por su propia capacidad a nivel individual o por la conformación de
“alianzas diplomáticas” entre urbes para la consecución de relaciones
internacionales ajenas a la diplomacia ortodoxa entre países.

De igual modo, los Estados-Nación se encuentran cada vez más ante escenarios en los que por unas u otras causas (por la hiper-conectividad, el cibermundo, los movimientos nacionalistas, los problemas de diplomacia entre Estados, las divergencias históricas alejadas de la realidad ciudadana, etc.) su papel a nivel internacional está en duda. Y es en este punto en el cual se vislumbra un nuevo posicionamiento (o un desarrollo de esas tendencias que comienzan a visualizarse) de las ciudades como entes con capacidad de negociación y búsqueda de acuerdos entre grandes concentradoras de población, como sujetos activos en los procesos democráticos y diplomáticos, con la búsqueda de sinergias a nivel mundial pero partiendo desde las perspectivas locales donde cohabitan y son seña de identidad las divergencias de perfiles sociales y las búsquedas de consensos y acuerdos entre diferentes para la consecución de objetivos comunes y ese a veces manido “bien común social”.

En
cambio, las grandes urbes cada vez tienen una mayor presencia
internacional y generan estrategias que difieren de las encorsetadas,
tradicionales y poco flexibles estrategias diplomáticas entre Estados-Nación.
Así, las megalópolis están desarrollando planes de acción internacional
participando en estructuras y redes multilaterales, creando delegaciones en
otros lugares del planeta enfocadas a la defensa y promoción de sus intereses. Estas
estrategias se basan en acuerdos bilaterales o multilaterales (como los
acuerdos entre ciudades europeas respecto a los procesos de gentrificación o
las plataformas de intercambio como EUROCITIES, ICLEI, etc.),
memorandos de entendimiento y acciones temporales y coordinadas entre ciudades
a nivel supra-estatal, o incluso redes filantrópicas temáticas y generalistas (100
Resilient Cities, C40
, etc.) que tiene por objeto prioritario el
incrementar la resiliencia, los intercambios y la inversión en red.

Si
bien, los impactos e implicaciones en el presente y futuro dentro del marco de
la sociología urbana y la globalización, pasan por entender la lógica de “la
urbanización exponencial”, “las Smart cities” y “las ciudades estado”
:

La urbanización exponencial, entendida como el incremento constante en la concentración poblacional en determinadas áreas territoriales con capacidad o con atractivo para la concentración, requieren diseños y estrategias no sólo en la propia planificación territorial y de los espacios (ordenación del territorio y de los servicios y usos públicos y privados), sino también en la búsqueda de nuevas fórmulas de gestión y de gobierno, tanto para la perspectiva local (de la propia urbe) como en sus relaciones con el exterior (en contextos geopolíticos globales y sus relaciones con otros polos de atracción o urbes).

Tal y como apunta Anatxu Zabalbeascoa en el artículo “La urbanización del mundo es imparable, ¿están las ciudades preparadas?”, nos encontramos en una tendencia concentradora de población que implica nuevos retos pero a la vez apunta a unas potencialidades que deben de tenerse en cuenta sin lugar a dudas: “En 1900 solo un 13% de la población mundial vivía en ellas; para 2050 los urbanitas serán el 66% del planeta, según la London School of Economics (LSE). Y las indias son, precisamente, las grandes aglomeraciones por desarrollar: el 80% de las infraestructuras que necesitará entonces ese país están por hacer”.

En
esencia, cada vez nos concentramos más en pequeñas áreas territoriales con un incremento
constante de la población que allí se concentra (ciudades que tienden al
concepto de megalópolis con el consiguiente abandono del entorno rural y
las implicaciones que ello conlleva). Todo ello además supone un reto notable:
no sólo hay que construir edificios y equipamientos (que también), sino diseñar
y planificar las ciudades, el territorio, especialmente los espacios públicos y
sus usos. Arquitectos, urbanitas, antropólogos, sociólogos, etc., tienen un
largo camino por delante en la organización territorial de los espacios y el
diseño en función de las necesidades presentes y futuras de los diferentes
grupos sociales que son atraídos por dichas urbes.

Un ejemplo muy clarificador de lo anterior es el siguiente gráfico de lo que acontece en la escena internacional (y rescatado del artículo anteriormente citado de Anatxu Zabalbeascoa).

Así,
dentro de esta urbanización exponencial nos encontramos con los grandes retos a
considerar para las sociedades y sus gestores dentro de la globalización: Los Espacios Públicos, entendidos como
las necesidades de planificación y estrategia anteriormente presentados; la Financiación y la Propiedad, dentro
del aspecto económico de la cuestión donde deberán de tenerse en cuenta y
primar por un lado las escasas opciones de acción sobre la propiedad privada
(más allá de normas urbanísticas y aspectos culturales que si existen y son
condicionantes) y por el otro la financiación tanto pública como privada de los
planteamientos urbanísticos y de relación interna y externa con la sociedad
local y otras sociedades; el Transporte
y la Salud Pública
, en el sentido de las interconexiones tanto dentro de
dichas grandes ciudades como con el exterior, así como las cuestiones relativas
a la garantía de la Salud Pública tanto para los sujetos en particular con la
atención sanitaria y criterios de bienestar y no patología como con la de
carácter público que implica una visión más global y aspectos más relacionados
con la prevención y no tanto con un carácter asistencial (donde se enmarcan,
por ejemplo y entre otros, las políticas públicas de salud encaminadas a
prevenir comportamientos no saludables, mejora de la longevidad, sostenibilidad
de los estados de bienestar, etc.); y la
sostenibilidad
, entendida en todos sus ámbitos y basada en la garantía de
un desarrollo que posibilite no sólo un dinamismo económico sino también la
ausencia de riesgo para las futuras generaciones y una implicación en la
garantía del bienestar de las poblaciones actuales. Y queda patente, además,
que todo ello requiere la planificación que antes se mencionaba como elemento
que sirva de barrera, freno o reductor de las desigualdades sociales que cada
vez se ven incrementadas en mayor medida y que hitos como la crisis global de
2008 ha incrementado sustancialmente.

Otro
de los aspectos clave para entender los retos del presente y del futuro de las
ciudades son las denominadas Smart Cities. Según el
artículo “¿Qué es una smart city? Top 5 ciudades inteligentes”      , éstas pueden definirse como “el resultado de la necesidad cada vez más
imperiosa de orientar nuestra vida hacia la sostenibilidad. Así, estas ciudades
se sirven de infraestructuras, innovación y tecnología para disminuir el
consumo energético y reducir las emisiones de CO2.”.

En
esencia, hablamos del papel que ya tienen y que sobre todo tendrán las nuevas
tecnologías, el desarrollo de técnicas de gestión informatizada y el uso del big data en la gestión y planificación
de los servicios públicos, las necesidades de la población, la resolución de
incidencias dentro del marco de las ciudades que puedan surgir ante situaciones
puntuales (eventos masivos, catástrofes, etc.). Si bien, cabe señalar que aun
cuando a día de hoy hay buenas experiencias positivas que se están
desarrollando en éste ámbito, las dudas que éstas generan, la necesidad de
desarrollos cuasi ad-hoc para cada ciudad, el requerimiento de perfiles
técnicos capaces no sólo de diseñar las tecnologías sino también de
interpretarlas y convertirlas en operativas para las sociedades, etc.; son
elementos que apuntan a un proceso que a medio o largo plazo tendrá resultados
más claros pero que en el corto genera y suscita múltiples dudas (también incluso
en las relaciones con los ámbitos de la democracia y las libertades
individuales y colectivas).

El
último de los elementos clave es el papel cada vez mayor de las ciudades como
“cuasi Estados” o Ciudades Estado en las relaciones con
otras áreas geográficas o poblacionales que difieren de sus límites en mayor o
menor medida. Según el artículo “¿Hacia un mundo de ciudades-Estado?” destaca la
afirmación de Wellington E. Webb
(cuando era alcalde de Denver en el año 2000 y presidía la Confederación de
alcaldes de Estados Unidos):Si el siglo XIX fue el siglo de los imperios
y el XX el de los Estados-nación, el siglo XXI será el de las ciudades”.

Si
bien, la historia y los últimos acontecimientos políticos apuntan a que, aun
cuando por ejemplo en España la población se concentra en un 80% en ámbitos
urbanos, la población dispersa, la población rural, también tiene capacidad de
influencia hasta cierto punto en determinadas situaciones. Es decir, se produce
una cuestión llamativa y es que se observan, por así decirlo, dos tendencias
contrapuestas que, en función del hecho, del momento o la situación toman mayor
valor una u otra aunque con mayor preferencia por la “urbana”:

  • La
    población urbana genera grandes concentraciones, y esas ciudades con cada vez
    mayor presencia y entidad, se convierten al nivel nacional e internacional como
    “micro-estados” o “ciudad-estado” con capacidades y actuaciones que en todo
    caso superan sus límites territoriales tal y como se apuntaba anteriormente.
  • Por
    el contrario, la población rural o no urbana, a pesar de seguir una tendencia
    reduccionista en volumen comparado, mantienen en según qué escenarios una
    capacidad mayor que las urbes para ejercer sus acciones, siendo en todo caso, y
    valga el símil, como la parte más garantista de esa conceptualización más
    tradicional de los Estados frente a la nueva de “ciudades-Estado”.

Así, esta cuestión que ya se apuntaba en la Grecia clásica y que parecía obviada o abandonada como idea de especial relevancia, en estos contextos globalizados y con la tendencia de concentración poblacional, toma mayor valor. Y en el caso español, no debe de olvidarse a la hora de valorar y afrontar estos retos de futuro, el cómo se organiza y estructura la jerarquía de nuestras administraciones. Es decir, no se debería de pasar del “Estado” a la “Ciudad-Estado” obviando que nuestra administración presenta niveles intermedios como son los gobiernos autonómicos o regionales (ya sea a nivel de CCAA o de diputaciones provinciales), las mancomunidades de servicios, las comarcas, y finalmente el ámbito municipal (entre las cuales se encuentran las grandes urbes “Ciudad-Estado” pero que no son las únicas dado que existen ciudades de diferente entidad, magnitud y capacidad).

En esencia, ¿hasta qué punto estas transformaciones lograrán la capilaridad territorial o se reflejarán únicamente en determinados polos poblacionales muy concretos? ¿Dónde quedarán marcados los límites de dichas megalópolis? ¿Serán desde el prisma geográfico/territorial, de sus influencias directas a nivel socioeconómico, o se considerarán otros factores diferentes? Lo que sí parece claro actualmente es que vivimos en un mundo globalizado y tecnologizado (cibermundo, con nuevas estrategias y retos a futuro); que los procesos de concentración poblacional en grandes metrópolis (a nivel nacional e internacional) generan ventajas pero también amenazas (incremento de la desigualdad, individualismo, etc.); que estos procesos implican además necesidades de generación de estrategias de planificación de ciudad (más allá del mero diseño de espacios, equipamientos y usos) incorporando aspectos de negociación e interrelación entre sujetos que cohabitan en el espacio; y que las relaciones entre Estados-Nación se encuentran en “crisis reputacional” por sus limitaciones ante la posibilidad de afrontar los retos de la globalización y cibermundo mientras que las Ciudades-Estado o Megalópolis presentan un notable potencial tanto en las propias relaciones como en el desarrollo de mejoras en el plano democrático (frente a las amenazas de los nacionalismos y proteccionismo).

El futuro más inmediato pasará, en el mejor de los casos, por un proceso de reflexión de las megalópolis (como abanderadas del cambio) sobre las formas de representación formal en el nuevo contexto global, y de mayor presencia internacional como agentes implicados en la elaboración de estrategias y planes de acción con perspectiva macro/internacional. Además, se debería ahondar en la búsqueda de financiación tanto pública como privada para afrontar los diferentes retos, racionalizar su presencia en redes optimizando las ya existentes a través de la búsqueda de acuerdos de colaboración, revisión de los marcos jurídicos de actuación y limitación actual de las ciudades. Y en última instancia, pero no por ello de menor valor, reformar las estrategias diplomáticas para dar cabida al cada vez mayor papel de las ciudades en la esfera internacional.

BIBLIOGRAFÍA

Referencias
de internet:

  • URBANIZACIÓN
    EXPONENCIAL
    *La urbanización del mundo es imparable, ¿están las ciudades preparadas?

https://elpais.com/elpais/2019/05/06/eps/1557155545_143363.html

*El desarrollo urbano no planificado aumentará la desigualdad e impactará el clima, advierte ONU Hábitat
https://news.un.org/es/story/2016/05/1357291

*¿Qué son las Smart cities o ciudades inteligentes y cómo funcionan?
http://www.panelesach.com/blog/smart-cities-o-ciudades-inteligentes-que-son/

*El regreso de la ciudad-Estado | Internacional | EL PAÍS
https://elpais.com/internacional/2017/05/29/actualidad/1496070711_230637.html

Alberto García Martín (Director de Asuntos Públicos de Sigma Dos)