¿Cómo son los jóvenes españoles?

España no cuenta con una sociedad homogénea. Al igual que no existen dos personas que piensan exactamente igual o que actúen de la misma forma a cada hecho, España cuenta con una sociedad diferenciada, plural y capaz de coexistir en la discrepancia constante.

España, que se ha presentado siempre como una sociedad plural, abierta y logrando embeber las nuevas modas o capaz de asimilar la cultura enraizada de las personas migrantes provenientes de África, Asia o Latinoamérica, empieza a mostrar una división clara. Una división generacional que viene a demostrar que la velocidad actual de la sociedad deja atrás a quienes, por edad, no son tan veloces a la hora de adaptarse a los cambios. Por ello, el panel de El Mundo Sigma Dos incluye por primera vez la opinión de quienes tiene 16 o más años, ampliando la muestra al objeto de tratar de comprender mejor a los más jóvenes, quienes harán la España del futuro.

La IA va por edades

Los cambios sociales pueden venir por una evolución, una revolución o un crack en un momento dado. Lo que ahora vivimos es una evolución acelerada. No llega a ser una revolución, pese a que los ingredientes como la irrupción de la Inteligencia Artificial o como la extrema polarización en la mayoría de países occidentales, empiezan a mezclarse de forma alarmante. Pero centremos estas líneas en la visión diferenciada de la sociedad española entre la cohorte más joven y la generación que se ve obligada a ir un poco más despacio.

De acuerdo al estudio realizado el pasado mes de enero por SIGMA DOS para EL MUNDO, el grado de conocimiento de la Inteligencia Artificial (“conoce mucho”) entre las personas de menos de 29 años, alcanzaba el 30%, mientras que, en el lado opuesto del tablero, entre las personas con 65 y más años, esta cifra bajaba del 15%. Un primer golpe de realidad. El segundo, es que a mayor grado de desconocimiento, mayor miedo y mayor apoyo a una regulación que limite esta nueva “revolución”. El 86% de las personas de mayor edad se mostraba partidaria de que los poderes públicos limitasen el uso y el desarrollo de la Inteligencia Artificial, frente al 68% entre los más jóvenes. Veinte puntos de diferencia en un tema que, en los próximos años, será vital para la economía de las naciones y el desarrollo vital de cualquier persona. Se tenga la edad que se tenga.

Es, quizá el punto más sencillo. El que cualquier persona daría por hecho por entender, de modo básico y muy a vuelapluma que las nuevas tecnologías entran más fáciles en las personas con menor edad que con mayor edad. Pero este punto nos sirve para mostrar e introducir una realidad. La sociedad española cuenta con unas barreras de edad que nos hace diferenciarnos en pensamiento, modo de actuar, y de afrontar las realidades.

Sin dejar de hablar de tecnología, entramos de lleno en uno de los debates que se arrastran en este país desde finales de los años 60: la energía nuclear. La apuesta de los últimos años por la energía renovable, para poner en valor las horas de sol en España como herramienta que aprovechar, para dotar de valor energético a las corrientes eólicas o y debido al impacto en la opinión pública de accidentes como el de Fukushima (2011), Tokaimura (1999) o Chernóbil (1986), entre otros, ha ido confeccionando la visión de la sociedad en esta materia. Las personas nacidas antes de la década de los sesenta, en su mayoría (53,1%) se muestran partidarios a la energía nuclear. Por el contrario, en las generaciones de los años 90 y siguientes, el apoyo a la energía nuclear cae hasta el 36,6%. Nuevamente, aparecen esos casi 20 puntos de diferencia a la hora de ver, apreciar y percibir un tema entre las generaciones más joven y de mayor edad.

Otra de las grandes diferencias en el pensamiento entre los segmentos de edad, de acuerdo con el estudio realizado por SIGMA DOS, son las prioridades de cada uno de los segmentos a la hora de valorar el tiempo y la posibilidad de ganar más dinero. Por un lado, las personas con mayor edad, si pudieran elegir trabajar más y ganar más dinero o ganar menos y tener más tiempo libre, se decantan mayoritariamente por “mantenerse como hasta ahora” (64,2%) y sólo uno de cada diez (10,3%) se muestra favorable a trabajar más y ganar más dinero. Por otro lado, los más jóvenes, los menores de entre 16 y 29 años, se dividen entre las tres opciones. Uno de cada tres se mantendría como hasta ahora (34,6%), otro de cada tres (30,5%) preferiría trabajar más y ganar más dinero y algo menos del 27%, antepone el tiempo libre al dinero.

Y son estos pequeños matices, la postura ante el tiempo frente al dinero, el conocimiento ante la “revolución” de la Inteligencia Artificial, o la preferencia en el modo de crear energía, sumado a otros cientos de ellos, los que ya nos van enseñando que la sociedad española crece en pluralidad, coexiste con varios pensamientos diferenciados y que se está abriendo una brecha identitaria entre los más jóvenes y su capacidad para acelerar con los tiempos  y las personas de más edad que ya van reduciendo una marcha en el vehículo de la vida.

Como afirmaba antes no existe aún una revolución generacional que venga a romper con la sociedad establecida o los cánones sociales aceptados, pero sí una evolución acelerada en casi todos y cada uno de los segmentos etarios de nuestra sociedad. No estamos ante un crack mundial o nacional, aunque los conflictos internacionales o la irrupción nuevamente del populismo nacionalista a occidente parezca marca un antes y un después. Estamos ante esa evolución acelerada en la que los jóvenes han empezado a cambiar la manera de priorizar, percibir y entender los distintos aspectos de la vida. Los datos reflejan ese nuevo muro generacional, pero incluso, con esas diferencias, la sociedad española mantiene grandes puntos de vista semejantes entre las edades. Pero esos puntos, los que de forma común comparten la generación de mayor edad y, la de menor edad, los vemos en las próximas líneas.

Ignacio Clemente, analista de Sigma Dos.

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