El valor de la vida

Seguro que, con sus hijos, sobrinos o nietos en sus primeros años, han jugado al ¿cuánto me quieres? El niño empieza asignando un número a ese sentimiento: «te quiero 10». Y conforme aprende que hay números por encima 10, amplía esa escala de amor a sus mayores (y espera lo mismo de estos), a 100, a 1000… hasta el infinito. Este aprendizaje, en apariencia banal, es crucial: representa el paso del pensamiento cuantitativo al cualitativo  a través de la idea de infinito (de que algo es inconmensurable) y, gracias a este, a la comprensión de que las emociones no son medibles. El valor de una vida humana es, por tanto, incalculable. 

En nuestra cultura, de raíz humanista, esta certeza tiene unas bases filosóficas y éticas. Fue Kant quien señaló que cada persona es un fin en sí mismo, y no un medio, como sí pensaban otros filósofos utilitaristas como Jeremy Bentham o Stuart Mill; y si esto es así, resulta complejo traducir vida a economía y hacer corresponder a ella un «coste».

Sin embargo, sin perder ese principio, o mejor dicho, para reforzar y hacer comprensible cualquier esfuerzo de las administraciones y de la sociedad en salvaguardar las vidas humanas, resulta conveniente calcular el coste de una vida humana. Especialmente, el coste de perderla. Porque, aunque nuestro amor a la vida sea incalculable, su pérdida en la carretera tiene consecuencias económicas que conviene conocer. 

Todos entendemos que, cuando la DGT, que depende del Ministerio del Interior, crea una serie de normativas para controlar los movimientos y actitudes de los conductores que se deben cumplir a rajatabla, desde la limitación de velocidad dependiendo del tramo en el que nos encontremos, hasta la prohibición de conducir tras haber consumido alcohol, lo hace para proteger la seguridad en las autopistas y carreteras de nuestro país. Cuando nos multa, hay un valor superior en juego: nuestra propia vida. 

En 2023, en España se produjeron 1.048 siniestros mortales en los que fallecieron 1.145 personas, tres menos que en 2022, y otras 4.495 personas sufrieron heridas que requirieron su ingreso hospitalario. Toda vida humana perdida es irrecuperable, pero esta cifra global, ¿qué significa?, en Sigma Dos nos gusta contextualizar los datos. Solo la comparativa puede responder a esta pregunta. En 2003, hace 20 años, la cifra de fallecidos fue de 5.399…. 5 veces más. Desde entonces, el número de fallecidos ha ido reduciéndose cada año. Aunque los fallecidos se cuenten aún por miles, las dos décadas, se han salvado miles de vidas al volante gracias a las campañas y las medidas de la DGT. 

Seguir reduciendo las muertes en las carreteras de nuestro país es uno de los principales objetivos de la DGT y por ello, ha publicado el Informe del Observatorio Nacional de Seguridad Vial que recoge el estudio elaborado por la Universidad de Murcia, en colaboración con Sigma Dos, en el que se tasa el valor económico que tiene la vida humana y el evitar un accidente de tráfico.

El informe concluye que el valor por evitar o prevenir un fallecimiento en un siniestro de tráfico es de 2 millones de euros, teniendo en cuenta que 1,9 millones es el valor estimado de una vida estadística, cifra a la que se han añadido los costes de la producción neta perdida a consecuencia de la mortalidad prematura, así como los costes médicos y de los servicios de emergencia.

Dicho estudio sirve como punto de partida para establecer de manera económica el coste real de salvar una vida dentro de las carreteras de nuestro país. Una estadística que ha ido aumentando en la última década. En concreto, esta estimación del valor de la vida estadística es un 46 % superior a la estimada (1,3 millones) en 2011, año en el que se realizó el último estudio.

Por otro lado, la DGT explica que este incremento está relacionado con la subida del IPC, el cual ha crecido considerablemente desde el año 2011. No solo eso, sino que «las preferencias declaradas por la población española pueden estar reflejando una mayor preocupación por la siniestralidad vial».

Este estudio también ha incluido las lesiones no mortales. Así, el informe publicado por la DGT indica que el precio estimado es de 354.630 euros en el caso de lesiones graves y de 7.886 euros en el caso de ser una víctima con lesiones leves. Esta aproximación se ha realizado a través de los costes médicos y de ambulación, además de las pérdidas en producción, por lo que el valor de prevenir una lesión es de 385.480 euros, para los heridos graves y de 8.506 euros, para los heridos leves.

En conclusión, la vida humana no tiene precio. Salvar cada una de ellas es la mejor inversión que puede hacer nuestro Estado, casi una obligación moral que justifica nuestra vida en sociedad, tan plagada de normativas, instituciones y regulaciones para poder convivir de manera segura. Es por ello que resultaba oportuno poner cifras a este esfuerzo por la vida, algo que ha hecho la Universidad de Murcia con la que, desde Sigma Dos, ha sido un placer trabajar en en el diseño muestral y la recogida de información para garantizar que pudieran trabajar con datos suficientemente fiables.

Elena de Agustín, Técnica de investigación de Sigma Dos.

¡Comparte en redes!

Más
noticias

Más noticias