Las elecciones federales alemanas, con una participación récord del 84 %, han redefinido el panorama político del país, en la línea que auguraban los sondeos:
- Sí: la Unión Demócrata Cristiana (CDU), liderada por Friedrich Merz, se alza con la victoria, obteniendo el 28,5% de los votos, un poco por debajo de la intención de voto que el partido tenía en las encuestas.
- Sí: Alternativa para Alemania (AfD) alcanza un histórico 20,8% y más de 10 millones de votos, duplicando sus resultados respecto a 2021.
- Sí: el Partido Socialdemócrata (SPD) se desploma al 16,4% y se deja casi 10 puntos sobre el resultado de 2021.
- Sí: los antiguos socios de coalición del SPD también retroceden, algo en el caso de Los Verdes (11,61 %, -3,1 % de los votos en comparación con 2021) y con debacle para los liberales del FDP, que con un 4,33 % de los votos (y 7,1 % menos que en 2021) se quedan fuera del Bundestag.
Sí: se confirma la remontada de Die Linke, con un notable resultado del 8,77 % de los votos, cimentado sobre todo en su excelente elección en Berlín y entre los votantes jóvenes. La Izquierda salda así su propia batalla ideológica, al imponerse claramente a su escisión, el BSW de Sahra Wagenknect, que se queda a apenas 0,028 % del umbral de representación y no tendrá escaños en el nuevo Bundestag.

Qué significan estos resultados
Como adelántabamos aquí, al quedarse fuera del Bundestag el FDP y BSW se allana el camino para lo que todo indica será un nuevo gobierno de Groko, de Gran Coalición entre los conservadores del CDU-CSU y los socialistas. Los resultados permiten a Merz prescindir de Los Verdes, lo cual satisface al socio menor de la CDU-CSU, muy alejado de las posturas del partido ecologista.
Las palabras del probable nuevo canciller en la noche electoral han sido una fuerte señal programática:
- No habrá acuerdos ni coalición con la AfD.
- Las conversaciones para formar gobierno serán negociaciones rápidas porque Alemania no puede permitirse más incertidumbre.
- Alemania y la Unión Europea tienen que asumir la crisis del modelo atlantista y la alianza con los Estados Unidos, aceptar que la OTAN en su forma actual puede no tener un futuro y desarrollar rápidamente capacidades propias de defensa.
La cuestión de la seguridad y la defensa se perfilan como los ejes de la nueva legislatura. En los últimos días antes de la elección Merz ya había mencionado la posibilidad de una mayor coordinación en defensa nuclear con Francia y el Reino Unido, ante las dudas sobre las garantías de defensa mutua por parte de los Estados Unidos. Y en relación con el conflicto en Ucrania, Merz ha adoptado una postura más firme hacia Rusia en comparación con el canciller saliente, Olaf Scholz.
La nueva situación, no obstante, es compleja.
Aunque el FPD y el BSW se quedan fuera del Bundestag, el nuevo parlamento refleja una Alemania políticamente fragmentada. La fórmula de Gran Coalición permite a Merz contar con una mayoría parlamentaria suficiente para gobernar, pero los 152 escaños y más de 10 millones de votos de AfD le otorgan una relevancia política no desdeñable.
Está por ver cómo AfD gestiona su nuevo papel de principal fuerza de la oposición en el Bundestag y si el capital político de Merz le alcanzará para realinear la política exterior alemana y redefinir una economía estancada desde hace dos años.
Román Espino – Director de Comunicación y analista de política internacional de Sigma Dos


