Empatar a penaltis es posible. Por Miguel de la Fuente

  • Miguel de la Fuente, director de Investigación de Sigma Dos, analiza los resultados del estudio realizado por Sigma Dos para el periódico El Mundo

¿Cómo pueden evolucionar las tendencias de aquí al próximo 10 de noviembre, en la cuarta cita con las urnas en menos de cuatro años? Lo anómalo de la situación se expresa gráficamente en un dato: un tercio de los ciudadanos que dice saber a quién va a votar afirma que aún puede cambiar su voto de aquí a su cita con las urnas. Una alta volatilidad que invita a la prudencia y a introducir más elementos de análisis para comprender las tendencias.

De entrada, el empate en votos puede desequilibrarse de dos maneras. A favor del centroderecha, si el PSOE envía más votos a la abstención de los que Errejón puede absorber. A favor del centroizquierda, si un porcentaje suficiente de ex votantes de Ciudadanos decide optar por el PSOE o el propio Errejón, en lugar de por el PP, cambiando así de bloque ideológico. Las dos opciones están abiertas.

En el bloque del centroizquierda la amenaza es la desmovilización. Históricamente, a mayor participación, mejores resultados del centroizquierda -2004, 2008, 2015 y 2019-. Inversamente, un aumento de la abstención ha implicado la consiguiente victoria del centroderecha -2000, 2011 y 2016-. La realidad de ese peligro abstencionista tiene un dato: el 15% de quienes votaron al PSOE en abril se declara arrepentido.

La posible buena noticia para este bloque es la irrupción de Errejón con Más País. Aunque es pronto para prefigurar cuál será su comportamiento electoral, no es descartable que este partido absorba parte de ese voto arrepentido del PSOE, evitando que se quede en casa. Tal vez esa posibilidad explica que aún con una bajada de la participación de unos 3 o 4 puntos calculada para esta encuesta, el bloque de centroizquierda experimente, en conjunto, un ligero repunte.

En el bloque de centroderecha se está produciendo un claro reajuste hacia el PP, con un damnificado principal, Ciudadanos. Con una fidelidad de sus votantes a la baja, encontramos otro dato preocupante para los naranjas. El 30% de quienes optaron por la formación de Albert Rivera en abril se arrepiente de aquella decisión.

Son votantes que tienen tres opciones inmediatas: el PP, la abstención y, en menor medida pero con gran capacidad para desequilibrar la situación -especialmente, en Cataluña, donde se juegan muchos escaños-, el PSOE. Por su parte, Vox se mantiene con unas expectativas similares a las de las últimas elecciones, sustentadas en una férrea fidelidad de aquellos votantes a prueba -al menos, de momento- de repetición electoral.

Otra clave para intentar comprender cuáles serán las tendencias es ver qué ha pasado en otros sistemas parlamentarios que experimentaron repeticiones electorales en poco tiempo. Hay casos para todos los gustos. En nuestro país, la repetición electoral favoreció claramente al PP, que en junio de 2016 mejoró notablemente sus resultados de diciembre de 2015.

En este año, Israel ha vivido dos procesos electorales que han derivado en un retroceso del Likud y un ascenso del progresista A&B, que deja un escenario de gobernabilidad muy complicado. En Bulgaria, la victoria insuficiente de los socialdemócratas en mayo de 2013 se transformó en una victoria de una coalición de centroderecha en octubre de 2014. Grecia ha vivido varias repeticiones electorales. En la última, Syriza ganó en enero de 2015, aunque con minoría, resultado que se repitió en septiembre del mismo año. Idéntico proceso vivió su país vecino, Croacia, con un partido independiente en 2015 y 2016.

Ante ejemplos así, cabe concluir que las expectativas creadas pueden dar lugar a victorias amargas o derrotas dulces. E incluso, por utilizar un símil futbolístico, que en el partido de ida, tras la prórroga, la eliminatoria no terminase decidiéndose ni por penaltis.

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