Francia como espejo demoscópico

Por GERARDO IRACHETA,
CEO de Sigma Dos.

 

Por motivos históricos, culturales y emocionales –no olvidemos el congreso casi fundacional del PSOE en Suresnes, que elevó a Felipe González a los altares ante la bendición de François Mitterrand–, Francia ha sido para la izquierda española un referente inexcusable, un país que anticipaba las tendencias que, de una manera u otra, terminarían por arribar a España. ¿Qué lecciones puede sacar la izquierda española, y especialmente el PSOE, de las últimas elecciones galas que han hecho casi desaparecer al Partido Socialista?

Uno de los argumentos que repetían los seguidores de Susana Díaz en el proceso de primarias se basaba precisamente en la experiencia francesa. El supuesto giro a la izquierda de Sánchez, sostenían, era similar al viaje hacia ninguna parte del candidato «anti-aparato», Hamon, en Francia. Un giro que había tenido como consecuencia la pérdida de confianza del electorado socialista por dos frentes: el centro, que habría optado por Macron, y la izquierda, que habría preferido al comunista clásico Mélenchon, es decir, al original antes que a la copia. Según esta teoría, la militancia francesa, al elegir al más izquierdista de sus candidatos, Hamon, habría dejado de ser representativa de la clase media que tradicionalmente apoyaba a los socialistas franceses. Esa militancia viviría una suerte de radicalización centrípeta, de huida nostálgica hacia el interior y el pasado, buscando unas esencias ideológicas que nadie demandaba.

Como en Francia, la militancia socialista española ha preferido al candidato más supuestamente a la izquierda, Pedro Sánchez. ¿Ha actuado la militancia del PSOE de espaldas al electorado de este partido o, al revés de lo que ha pasado en el país galo, ha sabido reflejar las preferencias de los votantes? De no haber sido así, ¿se irán también, como en el país vecino, los votos del PSOE, por la izquierda hacia Podemos y por el centro a Ciudadanos?

Algunos factores permiten dudar seriamente de que lo ocurrido en Francia sea extrapolable a España. En primer lugar, las elecciones francesas eran presidenciales a doble vuelta, algo que no existe en nuestro país. La ciencia demoscópica sabe que el sistema de elección no es neutro, sino que influye en las decisiones que toma el votante. Si los electores del Partido Socialista Francés optaron mayoritariamente por Macron y Mélenchon antes que por Hamon fue, en gran medida, por el miedo a que el voto a su candidato natural fuese un voto perdido contra la gran antagonista, Marine Le Pen. Las encuestas son en Francia un elemento fundamental, pues a la hora de tomar sus decisiones el votante analiza las opciones con más posibilidades de pasar a la segunda vuelta. En un sistema parlamentario puro, como el español, con una correlación bastante proporcional entre el voto popular y el número de escaños obtenido por cada partido, y donde no existe la segunda vuelta, el efecto del «voto útil» no se habría producido, o no al menos a ese nivel.

Un segundo factor diferencial es el ascenso de una candidatura, la de Marine Le Pen, que generaba entre los votantes socialistas un miedo movilizador, capaz de acelerar la tendencia del voto útil anteriormente comentado en detrimento de sus propias siglas. Es bastante posible que entre los votantes del PSF no fuesen empujados tanto por el entusiasmo por Macron o Mélenchon como por el rechazo a Le Pen, que no tiene semejante en España.

En tercer lugar, cabe dudar que el votante socialista español imite a su homólogo francés a la hora de acudir a un candidato centrista como Macron. A diferencia del actual presidente de la República, Albert Rivera, quien podría ser su equivalente en España, no proviene de un Gobierno socialista. Ciudadanos bascula en un espacio centrista capaz de atraer voto de PP y PSOE, pero por la configuración electoral de España está escorado hacia la derecha: apoya a más gobiernos autonómicos del PP (Murcia, Madrid, Castilla y León, La Rioja) que del PSOE (sólo Andalucía, precisamente el de Susana Díaz), además de al Ejecutivo de Rajoy. Es lógico pensar que este reparto disuadiese a muchos votantes del PSOE de buscar un refugio en Ciudadanos.

Por último, debemos mirar las preferencias de los votantes en Francia y en España. Mientras que en Francia Hamon nunca estuvo por delante en intención de voto, en España los votantes del PSOE muestran una preferencia clara por Sánchez sobre Díaz. En la última encuesta de Sigma Dos para este diario, el madrileño aventajaba en 25 puntos a la sevillana.

Para comprender lo que va a pasar en la izquierda española habrá que estar muy atentos a los siguientes pasos del nuevo secretario general del PSOE en asuntos clave como la gobernabilidad del país, la posibilidad de ser alternativa al Gobierno del PP o la cuestión catalana. Deberá, además, gestionar un partido con dos almas, cuyas bases le apoyan frente al recelo de la mayoría de los poderes territoriales. Si el PSOE quiere conocer su futuro, deberá analizar muy bien su compleja situación. Francia ya no será el espejo de sus aspiraciones ni el anticipo de sus pesadillas. Suresnes es ya historia.

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