La encrucijada de Biden y los demócratas: es la imagen pero también las encuestas

El desempeño de Joe Biden en el primer debate con Donald Trump en este ciclo electoral evoca, entre quienes seguimos la política estadounidense, la frase de Reagan de que “la debilidad solo invita a la agresión”. 

También Reagan, pionero en el complicado arte de manejarse frente a las cámaras y proyectar imágenes que se convierten luego en tendencias (y, quizá, en votos), actor de medio centenar de películas, presentador durante 12 años del antológico General Electric Theatre para radio y televisión, evoca al Donald Trump de The Apprentice y sus 14 temporadas en la NBC y al @realdonaldtrump que hizo del antiguo Twitter una máquina de marketing político sin precedentes, programa y red social que hicieron no poco por llevarlo a la Casa Blanca en 2016. 

La doble evocación tiene sentido porque fue el carácter televisivo del debate y la debilidad de Biden frente a las cámaras y en el formato de pantalla dividida lo que desencadenó el pánico entre los demócratas y hasta pedidos explícitos de que el presidente dé un paso al lado (incluso entre medios como el New York Times, poco sospechosos de conservadurismo). 

Y es que el debate, pura imagen, antes que despejar las dudas sobre la capacidad de Biden y sus 81 años consiguió el efecto contrario, multiplicado luego por las redes sociales y los medios. Si un formato cuidadosamente escenificado y estructurado por el equipo de campaña de los demócratas (sin público, con intervenciones casi monológicas, tiempo cronometrado, micrófono silenciado por turnos) consigue este resultado, ¿qué no podrá ocurrir en los cientos de mítines y apariciones y reportajes de los próximos 4 meses?

No son solo imágenes o representaciones. También las encuestas encienden las alarmas entre los demócratas: aunque aun resten 4 meses de campaña y los dos momentos importantes de la convención republicana (en dos semanas) y demócrata (finales de agosto), las encuestas muestran que la ventaja de Trump sobre Biden se ensancha y consolida.

Las encuestas nacionales

Según los promedios de encuestas nacionales de RealClearPolitics, Trump aventaja a Biden por 1,9 puntos, con un 46,8% de apoyo frente al 44,9% del demócrata. En enero la brecha llegó a ser de más de 4 puntos a favor de Trump, y solo en abril las encuestas dieron un empate entre ambos:

Promedio de encuestas nacionales – Fuente y gráfico: RealClearPolitics

La última encuesta del Siena Institute para el New York Times, publicada el 26 de junio (esto es, un día antes del debate) daba a Trump una ventaja del 4 %, con un apoyo muy consolidado entre los hombres (52 %), los votantes de entre 45 y 54 años (56 %) y en los estados del Sur (52 %) y del Medio Oeste (50 %). Esta encuesta también mostraba un 8 % de indecisos y un 31 % de los encuestados autodeclarándose independientes, dos aspectos que pueden resultar clave en un país donde la mayoría de los estados requieren del registro en el censo como requisito para ejercer el derecho a voto. 

La imagen entre los votantes es otro aspecto a tener en cuenta y, a diferencia de la “imagen televisiva”, puede medirse con mayor fiabilidad. Siempre según el promedio del agregador de encuestas RealClearPolitics, Biden tiene una imagen negativa del 55,9 %, (frente al 54,3 % de Trump), y apenas un 39,7 % de los estadounidenses aprueba su trabajo como presidente, el porcentaje más bajo de aprobación desde julio de 2022

Frente a estos datos, adentrarse en el terreno especulativo de una supuesta renuncia de Biden a la nominación supone un esfuerzo de la imaginación a esta altura del ciclo electoral.

Si no descartamos completamente esa posibilidad remota, la candidata “natural” sería la vicepresidenta Kamala Harris. Pero, según las encuestas, Harris tendría una desventaja aún mayor que Biden en el hipotético (y a día de hoy muy improbable) caso de que el presidente renunciara a buscar la reelección y la vicepresidenta consiguiera la nominación demócrata: 42,7 % de Harris frente al 49,3 % de Trump

Los estados clave

Es importante recordar un dato sin el cual no puede entenderse la estructura electoral de los Estados Unidos y la evolución de esta campaña: el sistema de elección es indirecto. Los votantes no eligen a unos candidatos sino a compromisarios de cada uno de los 50 estados que componen el Colegio Electoral, 538 en total.

Para ser presidente se necesita contar con al menos 270 apoyos, lo cual explica que no siempre sea presidente quien obtiene mayor porcentaje del voto popular. Así ocurrió en 2016, cuando Hillary Clinton obtuvo más de 3 millones de votos sobre Donald Trump, pero solo un total, insuficiente, de 227 votos en el Colegio Electoral. 

El sistema también hace que unos estados resulten más cruciales que otros. Se trata de los estados “bisagra” (también conocidos como swing states o purple states), donde las tendencias no están completamente definidas y que en cada elección pueden decantarse por uno u otro partido, inclinando, así, la balanza indirecta del Colegio Electoral.

Algunos de los estados bisagra (Pennsylvania, Michigan y Wisconsin en el rust belt, el antiguo cinturón industrial del noreste) tienen cierta homogeneidad de población y de tejido económico, pero en general los swing states no comparten otra característica que la de ser, precisamente, estados bisagra. 

También, tienen un diverso peso relativo en el Colegio Electoral: 

  • Pennsylvania, 19 votos electorales. 
  • Georgia, 16. 
  • Michigan, 15. 
  • Arizona, 11. 
  • Wisconsin, 10. 
  • New Mexico, 5. 

Biden se impuso en 2020 en el voto popular nacional por 7 millones de papeletas (y 306 votos electorales), pero fueron precisamente algunos de estos estados los que le dieron la victoria por la mínima sobre Trump, que se tradujo en una ventaja de 76 votos electorales para el presidente . 

En los estados bisagra Biden se impuso en 2020 por escasos votos de diferencia: 

  • Pennsylvania, 81.660. 
  • Georgia, 11.779. 
  • Michigan, 154.188. 
  • Arizona, 10.457. 
  • Wisconsin, 20.682.
  • New Mexico, 99.720. 

En 2024, los demócratas tienen razones para estar preocupados por los estados bisagra. Y la situación solo puede haber empeorado tras el debate. 

Porque, con la excepción de New Mexico (que en este ciclo electoral no puede considerarse estado bisagra), la media de encuestas para el conjunto de los swing states da a Trump una ventaja de 3,35 %. 

Considerados individualmente la situación en esos estados es aún peor para Biden, especialmente en Georgia y Arizona, como muestra el siguiente cuadro con datos de las últimas encuestas:

¿Por dónde se sale del laberinto electoral de imagen, percepciones y datos?

Trump tiene otra ventaja en el terreno de la imagen y las percepciones: la economía estadounidense sigue presentando señales mixtas. 

Si bien el desempleo se mantiene en niveles históricamente bajos, la inflación anual continúa siendo alta. Biden comenzó la presidencia con una inflación del 1,4 % y en junio de 2022 la tasa interanual llegó al 9,1 %, la más alta en décadas. La inflación alcanzó en mayo una cota interanual, persistente, del 3,3 %. Esto sin duda afecta la percepción de los votantes sobre la Administración Biden.

Por otro lado, probablemente, Trump y su talento cuasi natural para manejar los medios de comunicación (y la televisión y redes sociales en particular) estén en la base del desplazamiento hacia posiciones extremas del discurso político en la última década. Y si la debilidad invita a la agresión, como afirmaba Reagan hace 40 años, pocos personajes políticos han hecho de la agresividad y los “hechos alternativos” un arma más poderosa que como lo ha hecho Donald Trump. 

Para bien o para mal, la representación que nos hacemos de un candidato sigue jugando un papel central en nuestras decisiones de voto. Esto también es válido para los votantes en los Estados Unidos, donde, si hemos de creer a las encuestas, ya no parece importar que Trump solo tenga 3 años menos que Biden, o que, de acuerdo con la CNN, el expresidente haya mentido en más de 30 ocasiones durante el debate, o que el 49% de los estadounidense crea que el desempleo está en su nivel más alto en 50 años (cuando en realidad está en el nivel más bajo de los últimos 50 años). 

Biden necesita una recuperación contundente de su imagen y en las encuestas en los estados bisagras si quiere mantener sus aspiraciones reeleccionistas.

De lo contrario, el Partido Demócrata deberá considerar seriamente la posibilidad de buscar un candidato alternativo, aunque esto conllevaría un escenario caótico a pocas semanas de la convención nacional.

Artículo de Román Espino, director de Comunicación de Sigma Dos

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