La encuesta post-debate: De la dialéctica a la estadística

Desde luego, ganar un debate no implica ganar unas elecciones. Pero lejos queda el tiempo en el que la sociología electoral acostumbraba a decirnos que la capacidad de los debates para mover el voto era limitada. Ganar, perder o empatar un debate puede tener consecuencias en un contexto en el que un 35% de los votantes que han expresado su intención de votar por alguna de las opciones se plantea la posibilidad de cambiar su papeleta de aquí al domingo. A estos votantes “dudosos” hay que sumar a los puramente “indecisos”, es decir, aquellos que afirman no tener aún ninguna preferencia, y que suman el 30% de todo el corpus electoral.

La cita de esta noche no era tanto entre los propios candidatos como entre estos y esos varios cientos de miles de personas que, a seis días de las elecciones, no lo ven claro y que, desde el punto de vista estadístico, pueden alterar la situación. Y a tenor por los resultados de la encuesta post-debate de Sigma Dos para Antena 3, quien mejor han conectado con esos segmentos del electorado ha sido Pablo Iglesias, ganador para el 29,5% de quienes siguieron el debate. El candidato del PP, Pablo Casado, habría vencido para el 21,5% de los espectadores; Pedro Sánchez, para el 20%; Santiago Abascal para el 18,2% y Albert Rivera para el 10,8%. Se evidencia que en el bloque de la izquierda gustó más Iglesias, mientras que en el de la derecha la división es más patente, con un Rivera que se descuelga.

Insistimos en que quien gana un debate no tiene por qué ganar las elecciones. Pero resulta oportuno no pasar por alto que el debate se ha convertido en un momento tan crítico como paradójico, pues este hito de máxima tensión electoral se ubica en ese tiempo de sombra donde ya no se pueden publicar estimaciones de voto. Por eso, la encuesta post-debate nos permite pasar de la dialéctica a la estadística, arrojar luz sobre uno de los acontecimientos más decisivos de la campaña e ilustrar, con números, el inevitable “debate del debate” que comienza justo cuando se apagan los focos.

¿Por qué los debates pueden mover votos? Junto a la mencionada falta de estabilidad en el voto, con la consecuente incertidumbre sobre resultado final, la importancia renovada de este formato tiene que ver también con la irreversible personalización de la política. Los partidos son hoy, más que nunca, sus líderes. En la era de las redes sociales, de la aparente cercanía entre representantes y representados, la historia reciente de los cinco partidos en liza es inseparable de la trayectoria de cada uno de sus candidatos. Y esas cinco narrativas personales –cinco hombres-, construidas por separado, por fin convergen en un formato en el que, más que un contraste de siglas, programas e ideologías, lo que se ve al desnudo son las virtudes y los defectos de cada contendiente. Los diversos rasgos humanos que encarnan sus distintos proyectos políticos. Ahí radica la capacidad insuperable del medio televisivo para conectar a los candidatos con sus espectadores, a quienes otorga los dos elementos de verificación más letales que conoce la comunicación política: el directo y el primer plano. Una prueba de fuego, a la altura de la madurez democrática de nuestro país, a la que se han sometido los cinco representantes políticos llamados a dirimir el futuro de nuestro país, y que en Sigma Dos no hemos querido dejar de estudiar. 

Antonio Asencio, director de comunicación y estrategia de Sigma Dos, reflexiona sobre las conclusiones de la encuesta post-debate de la noche del lunes, en el diario El Mundo.

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