La mujer va a seguir ganando Mundiales

En otro artículo, sostuve que «un gol puede unir voluntades más que una Constitución». Me reafirmo, y añado: un gol en un Mundial puede cambiar el mundo. Nuestro mundo. El gol de Olga Carmona ante Inglaterra nos dio algo más relevante que un Mundial. Puso el marcador de la mujer, y más concretamente de la mujer española, en una posición con la que soñábamos desde hacía tiempo. Una posición merecida, justa, ganada con esfuerzo y, como hemos visto, demasiadas veces, contra la incomprensión. Haber demostrado solvencia y competitividad en un espacio tan masculinizado como el fútbol, donde se plasmaba una serie de valores naturalizados a lo largo de siglos como “viriles” (fuerza, habilidad, resistencia, etc., cualidades reservadas por nuestra cultura exclusivamente a los hombres), implica un cambio de perspectiva sin precedentes y un paso de gigante hacia nuestro reconocimiento.

No, los hombres no son, porque sí, fuertes y las mujeres, sensibles. Hay mujeres fuertes y hombres sensibles, sin que además ambas características tengan que ser excluyentes; sin que ningún hombre deba ocultar ya ni avergonzarse por su sensibilidad, ni ninguna mujer, por su fuerza. El golazo de Carmona y el esfuerzo de nuestras ídolas guerreras, a quienes nadie ha regalado nada detrás, nos entrega un futuro más equitativo y más libre, aporta un referente renovado a las más jóvenes, abre ventanas y hace que corra el aire, incluso en un lugar tan herméticamente cerrado como la Federación de Fútbol. Porque además de vencer a Inglaterra y hacer vibrar a todo un país, contribuyó a cambiar una cosmovisión.

Ahora bien, más allá de los focos del Mundial, sigue habiendo ámbitos de la vida diaria, esa vida real que compartimos todos y todas, donde seguimos por detrás. El estudio de Sigma Dos para Yo Dona (El Mundo), pone de relieve, con datos, espacios de desigualdad. Empiezo con una cifra: el 43,4% de las mujeres dedica entre 5 y 10 horas semanales a las tareas  domésticas, y, además, un 26,3% dedica de 10 a 20 horas. En cambio, la dedicación del hombre a estas tareas se sitúa mayoritariamente (53,5%) en menos de 5 horas.

Entrando en detalle, aunque hay actividades repartidas con cierta equidad en el seno de una pareja, como hacer la compra, en otras, como planchar la ropa, los hombres siguen bastante ausentes. Sobre la primera, en el 28% de las ocasiones es la mujer quien se ocupa habitualmente de realizar la compra, en el 25,4% el hombre, y en el 46,4% se afirma que es una tarea compartida. Sobre la segunda, en el 49,1% de las parejas se señala que son las mujeres quienes normalmente asumen la tarea de planchar, frente a un 17,1% en que esta recae más frecuentemente en el hombre. Solo el 25,5% de las parejas señala que es una tarea compartida.

Hay un problema previo que no conviene dejar pasar: los sesgos de percepción según los sexos. Si hombres y mujeres tienden a ver la realidad de forma diferente –por ejemplo, la demoscopia señala que en política hay importantes diferencias en torno al voto en función de que se sea hombre o mujer-, esto se acentúa cuando lo que está en cuestión es la propia correlación entre ambos sexos. Por decirlo claramente: los hombres tienden a identificar, en menor medida, el desequilibrio de tareas por sexos y su acumulación en sus compañeras femeninas. Son menos conscientes de esta falta de equidad. El caso de la plancha es muy ilustrativo. Cuando es la mujer quien contesta, el 53,7% afirma que son ellas quienes se encargan habitualmente de la plancha. Cuando quien contesta es el hombre, este porcentaje cae 10 puntos: el 43,9% atribuye a sus compañeras realizar mayoritariamente esta tarea. Nuestra experiencia en Sigma Dos se puede resumir así: no hay un 10% de hombres que mienta al no reconocer que son sus parejas quienes planchan. Sencillamente, no lo ven, no son conscientes de ello. La ropa, al parecer, se plancha a sí misma o sale de la lavadora sin arrugas. Pero no “caen” en que alguien ha debido hacerlo o no reconocen esta labor porque no la tienen presente. No existe puesto que no le presto mi atención.

Sobre la limpieza en el hogar, este sesgo es aún mayor. Veamos: el global arroja que en el 32,6% de las parejas son las  mujeres quienes la hacen. Sin embargo, cuando es la mujer quien contesta, el 41,7% afirma que es ella quien se encarga la limpieza del hogar, y solo un 22,6% de los hombres reconoce que es la mujer quien de forma habitual limpia. Una diferencia perceptiva de casi 20 puntos.

Hay, por supuesto, diferencias por edad. Cuanto más joven se es, más equitativo es el reparto de tareas. Por ejemplo, aunque en todos los casos, es la mujer quien en mayor medida se encarga de hacer la comida en casa, esta circunstancia supera el 40% cuando hablas con personas de 36 a 55 años, y el 57% entre las de 55 a 67 años. Estas diferencias por edad se repiten en casi todas las cuestiones planteadas. A mayor juventud, mayor equidad. Al menos nos queda la ilusión de que las generaciones venideras serán mucho msa igualitarias que la nuestra.

La buena noticia es que, globalmente, el 74,3% considera necesario un cambio en el reparto de tareas domésticas. Es cierto que de nuevo tenemos diferentes percepciones por sexos, pues esta opinión desciende al 65,8% entre los hombres y se eleva al 81,9% entre las mujeres. Pero al menos, ya hay una mayoría de hombres que empieza a ser consciente de que hay cosas que cambiar y que mejorar: que queremos seguir ganando Mundiales, como ellos, y con ellos. Mundiales como el logrado por las admirables futbolistas de la selección española. Y Mundiales más pequeños y cotidianos, pero más importantes, como el del día a día, donde seguiremos demostrando que no hay unas tareas masculinas y otras femeninas. Hay sentido común y respeto.

Ana Rin Ruiz

Research manager de Demométrica

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