No son elecciones para noveles

El próximo día 9 de junio España se enfrenta a unos nuevos comicios al Parlamento Europeo. Unos comicios que se esperan con baja participación, algunas sorpresas ya anunciadas y un crecimiento de formaciones euroescépticas a nivel europeo.

Este proceso electoral es claramente diferente al resto de elecciones a las que ya estamos acostumbrados a realizar en España. Tras la vorágine que llevamos de celebración de algunos procesos electorales cada pocos meses, las del próximo 9-J se enmarcan en una circunscripción única, donde el voto vale exactamente igual en Tarragona, en Ceuta o en Llocnou de la Corona. Se cumple, por tanto, ese refrán político que tanto sirvió de mantra en la época de UPyD y, posteriormente, y en menor medida, de Ciudadanos: Una persona, un voto.

El “precio del escaño” en estas elecciones (que no cuenta con barrera electoral y cuya participación se estima ya alrededor del 55%) ha bajado hasta los 300.000 votos. Y, a tenor de una posible bajada mayor de la participación, el «precio del escaño» seguirá abaratándose. Este dato es relevante para comprender las sorpresas ya anunciadas en algunas encuestas y para entender por qué los discursos llamando a la unidad del voto entre bloques no logran el efecto deseado en estas elecciones, .

A menor participación, mayor facilidad para la irrupción de nuevos partidos en el Parlamento Europeo

En mayo de 2019 las elecciones al Parlamento Europeo coincidieron con elecciones locales y, con elecciones en la mayoría de las Comunidades Autónomas. Esta concurrencia, elevó la participación hasta cerca del 61% y, con 296.491 votos (1,32%) la formación de Compromís Per Europa (Compromiso por Europa) se quedó fuera. Si como ejercicio consideramos el mismo número de parlamentarios a repartir (61) que el próximo 9 de junio, el corte electoral para lograr escaño con los datos de las elecciones de 2019, quedaría en 330.000 votos. Con tan sólo un 0,2% más de apoyos, la formación “Compromís Per Europa” habría logrado irrumpir en la institución europea.

Ahora nos trasladamos, en el tiempo, hasta las elecciones europeas de 2014. Por ponernos en situación, estas elecciones fueron las de la irrupción de Podemos en el panorama político español. En aquella ocasión no hubo concurrencia electoral, solo elecciones al Parlamento Europeo. La participación no alcanzó el 44%. La barrera electoral, en número de votos, bajó hasta los 275.000 sufragios. Reiterando el ejercicio y la analogía con el reparto de los 61 parlamentarios de estas elecciones, el partido político más cercano habría sido VOX, que cosechó 246.833 votos. De hecho, lo habría conseguido teniendo en cuenta que, a mayor número de escaños a elegir, más baja la barrera electoral.

Movilización y nuevos electores

Por otra parte, conocemos algunos datos fundamentales. Las elecciones al Parlamento Europeo no despiertan una movilización masiva entre el votante medio español. Además, como hemos visto, no hay una barrera electoral mínima impuesta por la ley. Y, a menor movilización, mayor oportunidad de irrupción electoral de nuevas formaciones políticas en los hemiciclos a componer.

Puestos en situación, añadimos otra variable: los nuevos electores. Destacamos dos grupos: quienes votan por primera vez en unas elecciones en España, que ascienden a 408.000 votantes, y el grueso de votantes españoles que lo harán por primera vez al Parlamento Europeo, y que suponen más de 2.250.000 potenciales nuevas papeletas. Por una simple regla de tres, podemos afirmar que estos nuevos votantes suponen más que un escaño en estas elecciones. Es decir, si existiera un “partido del votante novel al Parlamento Europeo”, tendría la irrupción parlamentaria asegurada.

En comicios como a los que nos enfrentamos el próximo 9 de junio, donde la participación apunta a ser baja, donde la movilización decae conforme más joven es el votante, estos nuevos votantes parecen pasar a un segundo plano, si comparamos la importancia que les dieron políticos y medios durante las campañas electorales generales o autonómicas. Pero no podemos obviar que este conjunto de votantes supone más votos que los que marcan la barrera electoral del último parlamentario electo con una participación por debajo del 55%.

Los nuevos votantes en el contexto de la apatía

Parece que la apatía en la política en Europa, o en el sistema electoral actual, hará mella en la participación de los votantes más noveles el próximo 9 de junio.

Sea por alguno de los motivos anteriores o por la falta de conocimiento de la Unión Europea, o quizás por el hastío de estar en los colegios electorales cada pocos meses, se aprecia un patrón claro en la estimación de la participación en estas elecciones: son los jóvenes quienes en mayor medida no participarán en las próximas elecciones. Lo cual equivale a decir: los comicios al Parlamento Europeo en España no son “elecciones para jóvenes”.

Por último, y por contextualizar la importancia que tiene esa gran masa de nuevos electores y lo que su peso político supondría si decidieran ir a votar en las próximas elecciones, debemos considerar que esas 2.250.000 personas llamadas a las urnas suponen el mismo número de votos que cosechó en 2019 la formación de Unidas PODEMOS Cambiar Europa (10.1%). Un número que supone más de la mitad de los votos cosechados por el PP en 2014 (26.1%) y más de un tercio del voto que lograron las formaciones de PP (42.1%) o PSOE (38.8%) en 2009.

Estos datos, quizá, permitan acercar un poco más a la percepción de los electores potenciales, políticos incluidos, la importancia del voto en unos comicios como estos.

La participación es clave. Y más aún, si consideramos que los 2.250.000 llamados por primera vez a las urnas europeas, pueden marcar la nueva fragmentación de partidos en los bloques, o el cambio de mayorías electorales en la sociedad.

Ignacio Clemente, subdirector de Investigación y Análisis Político de Sigma Dos

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